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viernes, 25 de octubre de 2013

Entre mujeres 4



Nos encontramos en ese bar, donde alguien tocaba un piano, como siempre. Era viernes, y cada una había terminado sus actividades, su trabajo, es un decir, porque en el fondo, nada termina.
Hacía bastante tiempo que nos conocíamos con Liana, nos habíamos conocido en uno de los tantos talleres literarios a los que asistí. Era lógico que nos reuniéramos de vez en cuando para hablar de libros, y de algunas otras cosas.
Liana estaba sentada en una mesa, con un libro abierto y un café a medio terminar cuando llegué. Había salido tarde de la oficina, ya les había dado de comer a todos, y ese era mi tiempo de distracción y también de reunión con una amiga, con la que, pese a los altibajos de la amistad, me llevaba bien. Pero esa noche no, todo parecía conspirar para que la conversación tomara otro rumbo.

- Pero no te das cuenta que si alguien se te acerca es por tus relaciones, o porque te llamás como te llamás..- me lanzó para agredirme.
- No, yo no pienso eso ¿vos lo creés?
- Sí, definitivamente sí, lo creo y sería bueno que te dieras cuenta...
- Creo que esa es tu opinión, en definitiva cada vez que alguien se me acerca intento averiguar por qué se me acerca, nada más...
- Yo creo que vos deberías asumir lo que te estoy diciendo, vivirías mejor, más tranquila y mejor preparada - continuó.
- ¿Vos creés eso? - contesté, después de revolver el café, sin azúcar.
- Sabés que sí, sos muy bonita, pero tenés que saber realmente quién sos, por qué las personas se acercan a vos.
- Creo que estás exagerando, a vos te parecerá que tengo tantas relaciones, y como me llamo ¿tiene alguna importancia?
- Pensá lo que quieras, pasemos un rato agradable escuchando música.Hoy no vino Oscar, nos despedimos antes de entrar aquí. Me hubiera gustado que de una vez por todas lo conocieras...
- Sabés que me intriga Oscar, quisiera saber cómo es, si es alto, bajo, gordo, flaco, rubio o morocho, simpático, tal vez, no puedo hacerme la imagen de él.
- Ya lo vas a conocer, te lo voy a presentar pronto... te quedaste callada...
- Sí, estoy un poco cansada  esta noche...
- Para mí que estás pensando en alguien...
- Puede ser ¿por qué?...
- Intento adivinar...
- Sabés que no tengo ganas de hablar de eso...
- Vos estás mal hoy ¿no?
- Puede ser, tal vez no, tal vez estoy un poco cansada, tuve mucho trabajo hoy...
- A mi no me engañás...
- Bueno, ¿y si estuviera pensando en "alguien" cuál sería el problema?
- Te das cuenta, ahí está tu problema...
- Yo creo que esta noche tengo ganas de leer un libro nuevo, de escuchar música, de tomar un café y de no acordarme de nada que no quisiera recordar...
- A vos nadie te puede ganar ¿no?
- A veces pienso que no tengo ganas de hablar de ciertas cosas...
- Sabés que te queda bien el color azul, el del pullover que tenés puesto, te hace juego con el color de los ojos...
- Mis ojos son verdes, no azules...
- No importa, te queda bien el azul te estoy diciendo...
- A vos tampoco nadie te puede ganar...
- Yo creo que deberíamos escuchar música, estaba leyendo un libro de Cortázar...
- Ya lo veo, Julio... creía en la magia...
- Y vos ¿creés en la magia?
- A veces sí...
- Cortázar hablaba de otra cosa, no era magia en realidad...
- Ah, no ¿y qué era?
- Era política, nena, política...
- Puede ser...
- La magia de Cortázar era política, él hablaba de esa magia...
- Tal vez...
- Pero a vos no te puedo convencer de nada...
- Y a lo mejor sí...
- ¿Tomamos otro café?
- Bueno...



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