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viernes, 11 de octubre de 2013

Entre mujeres 3


"Siempre que una persona tiene una lata de nescafé me doy cuenta de que no está en la última miseria; todavía puede resistir un poco..."

Julio Cortázar
El perseguidor 

Evelyn, la vamos a llamar así, es una mujer a la que nunca le falta novio. Podrá faltar el café instantáneo, no lo quiera nadie, ya que Julio dice en El perseguidor algo así como que se está a salvo mientras haya algo de café instantáneo en casa, pero no un novio.
Evelyn es una amiga heredada. Era amiga de una amiga y luego fuimos amigas porque mi amiga Marta hizo una suerte de traspaso de la amistad, ya que no la soportaba. Por razones que no voy a enumerar aquí, Marta y Evelyn no se llevaban, así es que empecé a tratar a Evelyn y a enterarme de sus asuntos sentimentales.
Evelyn ya venía de dos divorcios cuando la conocí. Y se sentía defraudada, pero no perdía las esperanzas de enamorarse de nuevo y tener una pareja con la que se sintiera bien.
Me contó, café mediante muchos asuntos que no voy a contar, porque no me corresponde hacerlo. Evelyn era joven pero ya tenía mucha experiencia de vida y un día, cuando la sentí muy sola le pregunté:

- ¿Querés que te presente a un compañero de trabajo? está solo, me dijo que si tenía alguna amiga sola se la presentara. Mirá que yo nunca hago estas cosas, porque no me gustan, pueden salir mal...
- Sí, ¿qué tal es?
- Joven, inteligente, creativo...
- Dale mi teléfono - dijo Evelyn.

Le di el teléfono de Evelyn a Daniel, pensé con dudas que a lo mejor tenían suerte y se llevaban bien.
Supe que Daniel había llamado a Evelyn porque me lo comentó en la oficina. Tenía esperanzas de que la chica le gustara, dijo. Quería encontrar a alguien para salir, aunque las horas que le dedicaba al trabajo no le permitían esa búsqueda.
Evelyn me llamó una noche, dijo que quería tomar un café conmigo, me preguntó si podía ir a la casa, quería contarme...
Antes de ir a la casa de Evelyn pasé por una librería, era de noche, antes de que se cerrara y me compré un libro que tenía ganas de tener hacía bastante. Por las dudas, me dije. Presiento algo, no sé, mejor tener ese libro para después...
Evelyn me abrió la puerta del departamento, fumaba, tenía una cara que no olvidaré. Me senté en el living mientras ella iba a preparar café a la cocina.
- Ahora te cuento - dijo
Me quedé callada, mirando la noche por la ventana. Era primavera, el cielo estrellado y afuera ladraba un perro, ladridos lejanos.
Evelyn vino con dos tazas de café negro.
- Sin azúcar - dije
Ella agregó unas gotas de edulcorante a su café y no disimuló su malestar.
- El tipo que me presentaste resultó un fiasco...
Pensé en la frase de Borges: "No sé por qué me odian tanto si no les hice ningún favor". Pero ¿era un favor presentarle un hombre a Evelyn? Si ella se quejaba de la soledad...
Ella siguió hablando:
- Me encontré con él en un bar. Después fuimos a un lindo lugar, estuvimos conversando. Me contó algunas cosas del trabajo. Pedí una coca cola y él otra. Nos pasamos tres horas con la coca cola. Y hablamos. Después de tanto hablar, él me propuso caminar. Le dije que sí.
- ¿Y?
- Caminamos, cuadras y cuadras...
- ¿Pasó algo?
- Me contó su vida, decí que la noche era linda...
- ¿En definitiva?
- Nada, pero no salgo más con él.
- Es una decisión tuya, pensé que a lo mejor se gustaban.
- Pensaste mal - dijo Evelyn enojada. - Ese tipo, Daniel, no va conmigo. Me aburrí tremendamente. Me cansé de estar tres horas en un bar y también de caminar cuadras y cuadras.
- No sé que me va a decir cuando lo vea en la oficina...
- No sé, es lo que me pasó a mi. Pienso que me quiso devaluar, que quiso mostrarse que es más que yo porque es más fácil así tomar el poder...
- ¿Así?
- Sí, pienso que es de esa clase de tipos, que le gusta salir con una mina que no le de mucho que pensar y yo no soy de esas...
- Hablando se conoce la gente...
- Sí, y sabés, tal vez yo creo que hablé demasiado, que le conté cosas de mi...
- Y él te contó cosas de él...
- Sí, me contó... aunque no sé si son ciertas...
- Evelyn, ¿vos querías salir con alguien?
- Sí.
- ¿Saliste?
- Sí. ¿Querés otro café?
- No, se me está haciendo tarde...

Se largó a llover y me fui caminando debajo de la lluvia. En la mano tenía una bolsa con el libro nuevo. Caminaba rápido, era tarde ya y pensaba si iba a leer el libro esta noche o tal vez mañana con la luz del día, tal vez era una buena idea empezar el día con un libro nuevo, con una buena historia.


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